La histórica marca argentina de termos Lumilagro puso fin a una etapa clave de su trayectoria industrial. Tras más de ocho décadas de producción local, la empresa dejó de fabricar ampollas de vidrio en el país y comenzó a importar gran parte de sus productos desde Asia.
La decisión marca un cambio profundo en el modelo de negocio de la compañía, que durante décadas fue una de las principales fabricantes de termos en Argentina y un símbolo ligado a la cultura del mate.
Caída de ventas y competencia externa
Según explicaron desde la empresa, la medida se tomó en un contexto de fuerte caída en las ventas y creciente competencia de productos importados a menor precio.
En los últimos años, el mercado argentino de termos experimentó cambios importantes, impulsados por la llegada de marcas extranjeras y por el aumento del contrabando desde países vecinos.
Las ventas de la empresa habrían caído cerca de un 50% en los últimos años, lo que obligó a replantear su esquema productivo.
Impacto en el empleo
La reestructuración también tuvo impacto en la plantilla laboral. Durante los últimos años la empresa redujo significativamente su personal, pasando de alrededor de 300 trabajadores en sus mejores momentos a cerca de 50 empleados en la actualidad.
En total, aproximadamente 170 trabajadores dejaron la empresa en los últimos dos años como parte del proceso de reconversión.
Producción trasladada al exterior
Con el nuevo esquema, Lumilagro dejó de producir las tradicionales ampollas de vidrio en Argentina y comenzó a importarlas principalmente desde India y Vietnam.
En paralelo, los termos de acero inoxidable que comercializa la marca son fabricados en China, mientras que en el país se mantienen tareas vinculadas al diseño, ensamblado, logística y comercialización.
Un símbolo del mate que se reconvierte
Fundada en 1941 por el inmigrante húngaro Eugenio Suranyi, Lumilagro se convirtió durante décadas en una de las empresas más representativas del sector y en un producto presente en millones de hogares argentinos.
Sus termos de vidrio fueron durante generaciones un elemento habitual en el ritual cotidiano del mate.
Aunque la compañía continuará operando en el mercado argentino, la decisión de abandonar la fabricación local marca el cierre de una etapa histórica para una de las marcas más tradicionales de la industria nacional.
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