Mauricio tenía 20 años y vivía en Adolfo Sourdeaux, Malvinas Argentinas. Salió una noche a ver a unas amigas y no volvió. Su familia lo buscó más de un año, pero ya había muerto: fue arrollado por un tren esa misma noche y enterrado como NN. La investigación estuvo plagada de errores.
La noche que desapareció
El 6 de mayo de 2014, poco después de la medianoche, Mauricio le dijo a su madre que iba a visitar a unas amigas. Llevaba su DNI, $50 y no tenía celular. “A esa hora ya no pasan trenes”, le advirtió su mamá, Nancy Bazán. Pero él la abrazó, la besó y se fue. Fue la última vez que lo vieron.
Vivía con sus padres, hacía changas y no tenía enemigos. Su familia comenzó a buscarlo de inmediato. Una semana después, radicaron la denuncia ante la UFI N°22 de Malvinas Argentinas, a cargo del fiscal Fernando Corda.
Errores en la investigación
La búsqueda fue caótica. La familia creyó que podría haberse desorientado, ya que Mauricio tenía esquizofrenia. Pero el tiempo pasaba y no había pistas certeras.
“Recibíamos llamados que decían que lo habían visto en Constitución, en Soldati, en el Bajo Flores. Le decíamos al fiscal y no mandaba a nadie. Íbamos nosotros con una foto, tocando timbres. Y nada”,
contó su hermana Noelia.
Seis meses después incorporaron a la abogada Adriana Mac Donell. Descubrió errores graves: el fiscal nunca pidió a tiempo las cámaras de Ferrovías, y el DNI tenía un número equivocado, con género femenino.
“Cuando intervine pedí las cámaras. Ferrovías contestó seis meses después que ya no las tenían: se borran a los 30 días”,
explicó Mac Donell. También pidió cotejar huellas con cuerpos NN.

El hallazgo
El 9 de julio de 2015 la familia supo la verdad: Mauricio había muerto la misma noche de su desaparición. Lo atropelló el tren Belgrano Norte en la estación Vicealmirante Montes, a solo dos estaciones de Sourdeaux.
Había sido enterrado como NN en el cementerio de Benavídez. Nadie cruzó esa información con su desaparición.
La clave: dos tatuajes
La abogada notificó la búsqueda en jurisdicciones vecinas y encontró coincidencias con un cuerpo no identificado: varón, 1.78 metros, dos tatuajes.
Mauricio tenía uno en la clavícula con el nombre “Ludmila”, su exnovia, y otro en el brazo con palmeras, un sol y el nombre “Dylan”, su sobrino.
“Nos enteramos que había muerto esa misma noche, a dos estaciones de casa. Estuvimos un año, dos meses y tres días buscándolo”,
recordó su hermana con angustia.
A 10 años del caso
Hoy, a una década de su fallecimiento, la familia de Mauricio Oliver todavía exige explicaciones. Denuncian un accionar negligente de la fiscalía y un sistema que les falló desde el primer día.
“Lo enterraron como NN cuando su familia lo buscaba desesperadamente a pocas cuadras. El sistema nos falló”,
cerró la abogada del caso.
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